Educación

Inicio General Durkheim y la educación

Durkheim y la educación

Publicado por Hilda Fingermann

Émile Durkheim fue un sociólogo positivista de origen francés que vivió entre 1858 y 1917 en plena transformación social y política originada por los dos grandes procesos revolucionarios del siglo XVIII: la Revolución Industrial y la Revolución Francesa.

Como todo positivista analizó los hechos sociales, pero no individuales, sino grupales. En estos grupos consideró importante la cohesión lo que se logra para él, a través de la solidaridad. Dentro de ella distinguió dos tipos: la solidaridad mecánica propia de los grupos tradicionales y rurales; y la solidaridad orgánica propia de los tiempos modernos, donde el hombre inserto en la vida urbana e industrializada se aleja de las relaciones cara a cara diluyendo su sentido de pertenencia al grupo. Para este nuevo orden social moderno, dominado por la solidaridad no orgánica, se necesitaba un tipo especial de programa educativo que contribuya a forjar esa solidaridad mecánica.

Durkheim y la educación

En un principio de la formación del niño destaca la acción proveniente del grupo primario, de la familia que le transmite valores, normas de conducta y las habilidades sociales básicas, como el lenguaje, los números, el uso de cubiertos, de herramientas básicas, que lo estimula a hacer los primeros dibujos, etcétera.

Luego esta enseñanza básica es reforzada por la escuela, institución social por excelencia, que le transmitirá las normas y contenidos no religiosos, y habilidades que le requiere la sociedad en su conjunto y la conciencia colectiva, más allá de su ámbito íntimo, y que proceden de lo acumulado por cada cultura a través de su historia y que se transmite de modo generacional, como herencia histórica. Por eso cada educación, como hecho social, es particular, y responde a los requerimientos y espíritu de cada pueblo en un particular momento histórico, y se le imponen por presión al individuo. Esto lo hace concluir que no existe una educación universal sino que se educará de acuerdo con la realidad de cada grupo (su religión sus instituciones políticas y su desarrollo científico e industrial).

El niño nace con ciertas aptitudes innatas físicas e intelectuales que la familia y la escuela contribuyen a desarrollar; pero además, la sociedad impone al individuo máximas morales que debe aprender ya que no las trae consigo y le permiten socializarse.

El educador debe ser un ejemplo de la moral laica, de lo que la sociedad exige a un buen ciudadano de su tiempo, para que los niños vean en él un modelo a imitar. El educador no debe ser crítico de la realidad, salvo de aquello que no esté conforme a las normas que el modelo vigente establece, pues dichas reglas deben regir sus acciones y las de sus alumnos.

La sociedad en la que vive condiciona por ende la educación del niño, ya que le impone sus pautas que él acatará para transformarse en un ciudadano autónomo y responsable, y que se modificarán cuando aparezcan nuevos condicionamientos. Este fin homogeneizador de la educación le hace conferir al Estado un importante rol como supervisor de la educación tanto de gestión pública como de gestión privada.

Categorías: General