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Empezar la escuela

Publicado por Hilda Fingermann

Con esta expresión podemos referirnos a empezar el jardín de Infantes con apenas 3 o 4 años, a comenzar la etapa de la escolarización primaria a los 6, o al primer día de escuela, cualquiera sea la edad del educando.

Cada etapa importa un desafío, un dejar atrás otras situaciones, sentimientos, emociones; y a la vez genera expectativas y temores.

Sin dudas, el comienzo del jardín de Infantes es el momento de mayor tensión, no solo para el pequeño, sino también para el círculo familiar que lo ve alejarse, por primera vea, varias horas, de la supuesta seguridad de su hogar, para interactuar con desconocidos.

Lo que nunca debemos hacer es transmitirles nuestros propios temores. Hay que alentarlos, estimularlos, motivarlos, pues necesitan iniciar su vida social, en contextos más amplios, vinculándose con sus pares y aprendiendo de otras personas adultas, más allá de sus padres, tíos o abuelos. El ingreso al jardín los hará crecer y madurar, incluso, a pesar de las adversidades. Deberá aceptar normas más estrictas seguramente que las hogareñas (quedarse quieto durante más tiempo mientras hace tareas, aprender a escuchar consignas y respetarlas, compartir objetos y juegos con otros niños, etcétera) pero el fin es importante. El niño necesita aprender a vivir en sociedad, y el momento de comenzar a hacerlo, ha llegado. Discutirá, peleará, llorará, pero también reirá, jugará, cantará y hará amigos; y de eso se trata la vida de perder y ganar; o de perder para ganar.

En la primaria se sumarán nuevas responsabilidades: mayores tareas, menos recreación; pero también aprenderá más cosas, y hay que mostrarle los beneficios que le aportará adquirir mayor autonomía: podrá leer los cuentos por sí mismo, podrá hacer mandados y revisar las cuentas de lo que ha gastado, podrá escribir cartas a sus amigos, etcétera.

Empezar la escuela por primera vez, cada año y cada día, debe vivirse con alegría, con pasión, con ilusión, y eso debe ser compartido por sus familiares y por sus maestros, para que el niño sienta que es bienvenido, que vale la pena y que en ese ámbito de escolar, tradicionalmente llamado “segundo hogar” encontrará contención, afecto y ayuda para crecer física y psicológicamente.

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