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Los jesuitas y la educación

Publicado por Hilda Fingermann

La orden religiosa conocida como Compañía de Jesús se fundó en 1534 por obra de Ígnacio de Loyola, en pleno apogeo del Humanismo y el Renacimiento, que trajeron consigo un gran despertar cultural; y de la división de la iglesia impulsada por la crítica luterana y el surgimiento del protestantismo.

Los jesuitas se presentaron como incondicionales al Papa y establecieron tres valores básicos: obediencia, pobreza y castidad que son los votos que se exigen a sus religiosos. Su importancia ha sido decisiva en cuanto a su obra misionera y a la educación del mundo occidental, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, luego del Concilio de Trento.

Los-jesuitas y la educación

Los jesuitas fundaron instituciones educativos en todo el mundo y en todos los niveles (escuelas, colegios y universidades). En el siglo XVIII la oposición a la orden provino de varios frentes (los monarcas absolutistas, los iluministas y los jansenistas movimiento católico favorable a la predestinación absoluta, que surgió interpretando estrictamente a San Agustín).

Los colegios de los jesuitas se separaron del poder político y perdieron sus privilegios corporativos. Durkheim afirma que esto fue el comienzo de una “expropiación” tendiente a una infantilización de los alumnos, que pierden poder, incrementándose el de los maestros, que tendrán como misión transmitir contenidos y normalizar a los educandos, para hacerlos católicos, obedientes al Papa que se opusieran a las ideas luteranas. El alumno no es protagonista de su aprendizaje sino solo un pasivo receptor, que compite con sus compañeros. El protagonista del proceso educativo es el dueño del saber, el maestro que desde una posición superior con respecto a quienes debe educar; conoce, investiga, interpreta de modo correcto y luego le brinda el saber ya organizado, “neutro” y cierto a los alumnos, quienes no pueden emitir sobre ellos opinión contraria, convirtiéndose los contenidos en medios de manipulación del pensamiento para hacerlo virtuoso según los valores aceptados social y religiosamente, respetuoso y sumiso. La fe, la justicia, la solidaridad y la entrega, inspiran la educación de los jesuitas.

Se introduce a los educandos en actividades más teóricas que prácticas, especialmente centradas en las humanidades clásicas, se deja de lado la enseñanza de oficios, para dar prioridad a incorporar normas de urbanidad y aprendizaje de idiomas, priorizando el latín. Los artesanos comienzan a aprender sus oficios en los talleres de sus maestros agrupados en gremios.

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