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La educación en Finlandia

Publicado por Hilda Fingermann

La educación en Finlandia La educación en Finlandia, es modelo en el mundo, pero ahora, los resultados del informe PISA 2013, muestra una gran caída en su posicionamiento. El mayor retroceso fue en Matemática; mientras que en Lengua y Ciencias si bien en grado menor, ocupa posiciones destacadas. Las autoridades finlandesas están muy preocupadas, pues la educación es un orgullo para su país. Por ello se convocó un foro de especialistas, estudiantes y padres, para tratar de diagnosticar el problema y corregir las deficiencias.

El sistema finlandés logró la tan ansiada igualdad en la educación de niños y niñas También de quienes tienen mayores aptitudes con los que tienen menos, que se ven apoyados por un profesor especial que los nivela con enseñanza individualizada. La equidad entre los distintos sectores sociales, también fue posible, pues los niños reciben educación gratuita, que incluye la comida, los materiales de estudio, la atención sanitaria, y los gastos de transportes, hasta que completen su instrucción elemental, a los 16 años. Todos completan su educación primaria a la misma edad pues no hay posibilidad de repitencia. La ministra de educación, Krista Kiuru, declaró que para que los niños finlandeses estén otra vez como ejemplo de educación en el mundo, se apuntará a mejorar el ambiente de los establecimientos educativos y lograr nuevas estrategias motivacionales.

Frente a modelos autoritarios como el vigente en los países de Asia, que actualmente ganan a la hora de medir resultados, Finlandia se propone continuar con su modelo de escuela no competitivo e informal, solidario y creativo; que contiene, que guía, que incluye; aunque mejorándolo.

Además, el sistema educativo finlandés se destaca por su enfoque en la formación integral de los estudiantes. No solo se enfoca en las habilidades académicas, sino también en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Los estudiantes aprenden a trabajar en equipo, a resolver conflictos y a desarrollar la empatía. También se fomenta la creatividad y el pensamiento crítico, habilidades esenciales para el siglo XXI.

En Finlandia la educación es obligatoria en la primaria, que comienza relativamente tarde; y se extiende desde los 7 hasta los 16 años. Antes los niños concurren opcionalmente a guardería (lo hace la mitad de los pequeños). Luego de los 16 años, la formación es teórica, comenzando con las escuelas secundarias superiores (que duran entre tres y cuatro años) y continuándose en la universidad, que requiere un examen de admisibilidad. Existen además escuelas politécnicas, más prácticas. Por ejemplo, quien desee graduarse como médico deberá asistir a la universidad; mientras que un enfermero concurrirá a una escuela politécnica. La gratuidad se extiende a todos los niveles. La mayoría de las escuelas son públicas.

Los salones de clase, confortables y limpios, no albergan más de veinte alumnos. Tienen muchas actividades extra programáticas y pocas tareas para el hogar, siendo la lectura lo más estimulado, y requiriéndose el acompañamiento familiar. Los niños permanecen en la escuela desde las 9 de la mañana hasta las 15 horas. Cada directivo elige a su plantel docente, que son los mejores alumnos del colegio secundario y deben tener un master en educación, y son estrictamente evaluados en conocimientos teóricos; pero también en su grado de sensibilidad y empatía.

En los primeros seis años de la escuela el mismo maestro acompaña al grupo; y las escuelas reciben aporte estatal en mayor o menor grado, dependiendo de su calidad, en forma directamente proporcional.

Adicionalmente, el sistema educativo finlandés se caracteriza por su enfoque en la formación continua de los docentes. Los maestros reciben formación constante para mantenerse actualizados en las mejores prácticas pedagógicas y en los avances en la investigación educativa. Además, se les da autonomía para adaptar el currículo a las necesidades de sus estudiantes, lo que permite una enseñanza más personalizada y efectiva. Este enfoque en la formación y autonomía de los docentes es una de las claves del éxito del sistema educativo finlandés.