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Enfermedades del docente

Publicado por Hilda Fingermann

Todas las profesiones importan ciertos riesgos para la salud, y la docencia no queda al margen de ello.

Los grupos numerosos y bulliciosos de niños o adolescentes a los que hay que enseñar y a la vez poner límites en su conducta cada vez más irrespetuosa, sumado a la cantidad de horas que deben permanecer los maestros al frente de las clases para obtener un sueldo digno, les producen un sentimiento de desamparo e impotencia que se traduce en estrés, donde el organismo se adapta a las nuevas situaciones, pero se va desgastando, si estos hechos son persistentes. Este estrés permanente puede desembocar en el agotamiento psíquico del docente, dando lugar a lo que dio en llamarse “bournout” o “estar quemado” lo que significa nada más ni nada menos que un estado de angustia, abatimiento, falta de motivación, muchas veces acompañado de síntomas físicos (dolores de estómago, irritabilidad, jaquecas, náuseas, hipertensión arterial, vómitos, dolores musculares, arritmias, etcétera) que perjudica tanto al maestro como a los alumnos a su cargo, y ocasiona además de baja calidad de vida, ausentismos reiterados.

Luego del estrés en sus diversos grados, otra enfermedad profesional importante que afecta a los docentes son los problemas en sus cuerdas vocales, muchas veces ligada al mismo estrés, y en otros casos motivada por el excesivo y mal uso que se hace de ellas al explicar contenidos en un aula donde es casi imposible imponer silencio, y elevar más aún la voz para tratar de callar a los conversadores. Pueden ocasionarse problemas graves, incluso quirúrgicos, si se forman nódulos o pólipos.

También el estrés junto a las malas posturas y la falta de ejercicio ocasionan otras dolencias, como dolores de espalda y lumbalgias.