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La educación en la pandemia

Publicado por Hilda Fingermann

Son tiempos muy difíciles para todos, a nivel sanitario, económico, laboral y educativo. El confinamiento que impuso el COVID-19, nos obligó a reinventarnos, en mi caso, como docente, poniendo de relieve la importancia de la educación presencial, y las falencias de casi todos los actores del sistema educativo en cuanto al conocimiento y uso de las nuevas tecnologías; además de la desigual posibilidad de acceso a las mismas, fuente de grandes inequidades.

De un día para otro hubo que empezar a aprender a usas plataformas educativas, para subir material de estudio, trabajos prácticos, exámenes, dar clases por videoconferencias, crear grupos de WhatsApp, y aquí empezaron a visualizarse las carencias, de tipo material y cognoscitivo en cuanto a las nuevas tecnologías, tanto de parte de docentes como de alumnos. Hablaré desde mi experiencia como educadora argentina de la provincia de Buenos Aires en niveles secundario y universitario.

Los jóvenes nacieron en la era digital, por eso, el sentido común y la experiencia, nos dice que ellos no deberían tener problemas para adaptarse a las clases virtuales, pero no fue así. Están muy acostumbrados al uso del celular para emplearlos en las redes sociales o en juegos “on line”, pero no para emplearlo como medio para aprender. El uso de las plataformas, les fue, a la mayoría, muy difícil, en todos los niveles de enseñanza, privilegiándose el uso del correo electrónico y los grupos de WhatsApp, en los que están más familiarizados, y es más sencilla su utilización.

Muchos alumnos no cuentan con ordenadores, por lo que deben subir sus tareas manuscritas, por fotos, otros no poseen servicio de Internet, y muchas veces son los cortes de luz o las fallas en la conectividad lo que dificulta o entorpece la actividad planeada, cosas que también son difíciles de comprobar, surgiendo la duda, incomprobable, de si la no entrega de tareas en tiempo y forma o de realizar las evaluaciones, son casos de fuerza mayor o meras excusas.

La evaluación, con fines de acreditación, también es complicada, especialmente en el nivel universitario (ya que en el resto de niveles, solo se realiza un seguimiento conceptual) pues requiere en grupos numerosos, donde no se les puede tomar oral, por videoconferencias o video llamadas, realizar exámenes por plataformas virtuales, donde se les exija pensar (relacionando contenidos, descartando errores, dando soluciones, etcétera) pues lo harán contando con la bibliografía a su disposición, debiendo preverse el tiempo adecuado para resolverlos, sin caer en faltas o excesos.

El respeto de las horas para entregar o recibir tareas se volvió más flexible, y las rutinas se han modificado. Exige en el estudiante mayor autonomía y planificación, lo que aún no poseen los que transitan el secundario ni el inicio de la universidad.

Sin embargo, es importante saber sacar provecho de esta difícil circunstancia para no dejar en el olvido lo que se aprendió de esta nueva modalidad de enseñanza, pues en muy útil como herramienta complementaria, cuando podamos, por fin retomar las clases presenciales, donde, sin duda, el lazo docente alumno y alumno-alumno volverá a ser, mucho más directo y contenedor.

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