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La escuela desde la mirada del alumno

Publicado por Hilda Fingermann

La mirada del alumno sobre la escuela varía según la etapa de su desarrollo madurativo, su personalidad y la influencia de su entorno familiar; pero los alumnos siempre observan, y se forman una idea sobre la institución en sí, sobre sus maestros directivos y compañeros, la que es absolutamente particular y subjetiva, pudiendo coincidir con la opinión del grupo, el que también influirá decididamente sobre la mirada del alumno individual. Muchas veces vemos alumnos que repiten valoraciones sobre la institución escolar que otro u otros compañeros le han transmitido y no porque él haya evaluado esas opiniones.

Cuando el niño ingresa al sistema educativo formal, a los 3 o 4 años, lo hace con muchos temores pero también con grandes expectativas, las que serán o no satisfechas por lo que la institución escolar le brinde, lo que dependerá de la propia institución y también del modo de ser del alumno. Un niño tímido se sentirá desprotegido e inseguro en el jardín de infantes y extrañará la protección que le brinda la intimidad de su hogar, mientras que otro extrovertido disfrutará de los juegos y la compañía de otros niños. El rol docente será brindar a cada niño un acompañamiento diferente de acuerdo a su modo de ser y no considerarlos como un grupo homogéneo, ya que jamás lo serán. Hay niños que necesitarán más tiempo al lado sus maestras y otros que preferirán ser más independientes; la socialización es un proceso que es vivido por cada uno a su tiempo.

En la escuela primaria, los niños comienzan a entender que la escuela es necesaria para su formación, pero también la viven como una mayor restricción de su libertad, ya que hay horarios más estrictos que en el jardín, mayores tareas que cumplir, cosas que no se deben hacer en clase y que son absolutamente naturales como conversar, reír o correr. Sienten que la escuela los atrapa, les impide soltarse y ser ellos mismos, cuando debería suceder todo lo contrario, ya que la escuela debería enseñarles a ser libres a pesar de las limitaciones que les impone. También es el lugar donde están sus amigos, pero también donde pueden ser posibles víctimas de discriminación y bullying, lo que deberá mantener atentos a padres y maestros para proteger al niño pero también para enseñarle cómo defenderse pacíficamente frente a estos ataques, ya que es una oportunidad para que vayan formando un carácter tolerante, pero no sumiso, para su vida adulta. Para otros será el lugar donde ejercer su liderazgo, lo que será bueno si actúan como guías positivos; pero también ese lugar de liderazgo los usarán otros, para mostrarse fuertes y poderosos rebajando a los que ven vulnerables, lo que también ameritará acciones para que reflexionan sobre la dignidad humana y los derechos propios y de terceros.

Durante la adolescencia, la típica rebeldía los lleva a desafiar esos límites, a tratar de ver hasta donde los dejan avanzar, y cuestionan a la institución escolar como lo hacen con su familia y con la sociedad en su conjunto, lo que es bueno aprovechar desde la escuela para estimular el espíritu crítico y creativo, la capacidad de argumentación y el debate productivo.

Indagar desde la casa o desde la escuela qué piensan los alumnos de su escolarización es sumamente importante, ya que el diálogo les ayudará a comprender ciertas acciones que a los adultos nos parecen lógicas y necesarias, y para ellos, no tanto. La participación de los alumnos en la elaboración del reglamento de convivencia escolar es un momento, que no debería ser el único, para escuchar lo que los niños demandan de la escuela, exigencias que en muchos casos son correctas y pertinentes, y por ende, atendibles. S lo que reclaman es imposible de cumplir, dar razones para la negativa.

Los niños cumplen las órdenes cuando observan que los adultos también lo hacen, y aceptan que se los critique y corrija si sienten que quien lo hace tiene autoridad moral para ello. Los niños nos miran, nos juzgan y aprenden de nosotros no solo por lo que les enseñamos a través de nuestras lecciones escolares diarias, sino de nuestras actitudes y valores.

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