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Aprobar o aprender

Publicado por Hilda Fingermann

Un error común que cometen tanto alumnos como padres es creer que van a la escuela para aprobar, o que el hecho de aprobar un examen, un trabajo práctico, o incluso un curso entero significa que se aprendió.

La clásica pregunta es: ¿Aprobaste? Si la respuesta es afirmativa, se festeja y elogia; cuando en realidad no sabemos cómo ni por qué aprobó. Pudo haber sido por copiarse de algún compañero, de algún “machete” escondido, porque otra persona le hizo la tarea, o porque se repitió tantas veces la lección, que se alojó en la memoria a corto plazo, etcétera. En ninguno de estos casos se aprendió significativamente.

Aprender es adquirir un conocimiento o modificar una conducta que perdure en el tiempo, que deje huellas en nuestro ser. Si aprobamos copiándonos, lo que habremos aprendido es que podemos desafiar las normas y salir airosos, con lo cual, probablemente la conducta negativa aprendida se reforzará y repetirá, ya que se aprende tanto lo bueno como lo malo.

Son muy pocas las personas que indagan en lo que realmente saben, y eso es muy grave, ya que solo así, se podrán tener los conocimientos necesarios, para poder anclar sobre ellos, otros saberes en el futuro.
Los alumnos (y también sus padres) siempre cuestionan las calificaciones, pero pocas veces el aprendizaje: “El profesor faltó muchas veces, entonces ahora no nos puede desaprobar”, “No puede ser que desaprobemos todos el examen, alguno tiene que aprobarlo” o “No estudié y aprobé, por suerte me tocaron los temas más fáciles” son algunas de las afirmaciones que solemos escuchar a diario.

Hay profesores más exigentes que otros, y eso condiciona mucho la calificación del alumno. Si un profesor es demasiado indulgente, puede llegar a aprobar a quien tiene conocimientos muy escasos; y el alumno falsamente creer que sabe, con lo cual no le está haciendo ningún favor, ya que lo que no aprendió, será una cuenta pendiente a futuro.

Aprender tampoco es contestar correctamente las preguntas que se le formulan, sino poder aplicar esos conocimientos a situaciones nuevas, compararlos con otros conocimientos e integrarlos, de lo contrario, ha sido un esfuerzo vano.
Nos pasa año tras año al comenzar el ciclo lectivo, cuando hacemos las pruebas diagnósticas y los alumnos no recuerdan nada de lo dado en el año anterior. Si con un leve repaso lo recuerdan y lo pueden aplicar, quiere decir que lo aprendieron, pero si es como si nunca lo hubieran estudiado, es que a pesar de haber aprobado, no aprendieron.
El perjudicado es el propio alumno, quien debe reflexionar sobre sus fortalezas y debilidades, para poder adquirir significativamente lo que le falta (proceso que se denomina metacognición, y es sumamente útil para ser un buen alumno).

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