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Utopía pedagógica

Publicado por Hilda Fingermann

La utopía pedagógica es soñar ideales en educación muy difíciles de alcanzar pero loables y deseables. Lograr una educación igualitaria, de calidad, para todos, basada en la formación de ciudadanos nobles, solidarios, cooperativos, amantes de la paz, del trabajo y de la democracia, son algunas de estas metas que nos planteamos hoy como educadores, y que orientan nuestra labor, sabiendo que su concreción será a medias, que la realidad irá poniendo límites a este sueño, pero que a la manera de un imán, irá atrayéndonos cada vez más cerca de ellos.

Utopía pedagógica

La utopía no debe ser una mentira que nos aleje de la realidad. No debe ser demagogia mentirosa. Querer lograr una sociedad justa, no debe impedirnos ver que todavía queda mucho por hacer. La inclusión social aún en Argentina y en muchos países del mundo sigue siendo un anhelo, a pesar de los muchos esfuerzos que se han hecho para que todos accedan al mundo cultural. Los números arrojan más alumnos en los colegios, pero estos datos estadísticos no combinan con las pruebas a nivel nacional e internacional que muestran que existen escuelas para pobres y escuelas para ricos.

Las necesidades económicas que afectan a muchos hogares, la falta de compromiso de los padres para con la escuela y de ésta para con la nueva realidad que les toca vivir a los niños pobres en una sociedad consumista y tecnológicamente revolucionaria, donde el acceso a esos recursos les resulta sumamente limitada. Familias ensambladas, crisis de valores espirituales, niños que crecen sin contención familiar, ya sea porque sus padres deben o quieren trabajar en horarios muy extensos, madres muy jóvenes que no pueden hacerse cargo de sus niños, falta de diálogo y de límites a nivel familiar que son trasladados al ámbito escolar, atentan con la concreción de esta utopía pedagógica, que no debe rechazarse, pero sí tomar conciencia no solo de lo que queremos lograr, sino de los escollos que se presentan, para “soñar realidades y no mentiras” que solamente nos traerán frustración si no las logramos.

Vemos muchos alumnos incorporados al sistema, pero pocos estudiantes que quieren aprender, el compromiso y la responsabilidad es aún una materia pendiente, a nivel de educandos y educadores (con honrosas excepciones, que deberían confirmar la regla)

Es más loable proponerse metas pequeñas y graduales, fijarnos objetivos pero también pensar en recursos; implementar estrategias pero además adecuarlas a la realidad. No podemos regalar computadoras si no capacitamos primero a los docentes o no les aseguramos el acceso a Internet, si incorporamos alumnos con contenidos previos insuficientes sin tutorías en aulas repletas de niños. En fin, soñar cuesta muy caro, si invertimos en cantidad y no en calidad, en todos los sentidos: “más niños en la escuela, más días de clase”, estamos de acuerdo, pero para que se eduquen, para que aprendan valores positivos, para que se quieran y quieran a sus semejantes, por lo cual hay que combatir el bullying, establecer reglas claras, apoyar pedagógicamente a los niños con carencias físicas, emocionales o cognitivas, no superpoblar los cursos, adaptar la escuela a las nuevas tecnologías en pos del aprendizaje efectivo (muchos niños y adolescentes solo ven las nuevas herramientas informáticas como pasatiempo).

Soñemos, pero acerquémonos a los objetivos, solo así vale la pena crear utopías, cuando nos alientan a seguir en el camino, para arribar a resultados observables.

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