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Escuela pública o privada

Publicado por Hilda Fingermann

En el mundo capitalista, hay escuelas en manos del Estado, otras bajo la dirección de particulares y controladas por el Estado, en cuanto a sus contenidos, y otras que además del control estatal reciben de parte de éste, subvenciones. En Argentina, más específicamente en la provincia de Buenos Aires, la educación primaria y secundaria pública está en crisis, al contrario de lo que sucede en las universidades, en las cuáles la excelencia de las universidades públicas no se ha perdido, sino por el contrario. La diferencia fundamental radica en el hecho de que las escuelas públicas reciben niños de diferentes estratos sociales, cada uno con sus problemáticas, muchos pertenecientes a hogares desarticulados o con padres agobiados por una gran cantidad de hijos que mantener y escasos ingresos, lo que dificulta que puedan acompañar a sus hijos en su proceso de escolarización. Gran cantidad de esos niños repiten el curso, la escuela pública los sigue incluyendo, y así conviven en un mismo aula, niños de diferentes edades, algunos de ellos con problemas de conducta, ante lo cual son muy pocas las medidas que se instrumentan como solución, ya que lo que se ve en la escuela es el reflejo del mundo que esos niños viven fuera del ámbito escolar (falta de límites y respeto a las normas y violencia, de lo que ellos mismos son víctimas).

Frente a esta situación aparece la escuela privada, ofreciendo lo que los padres quieren obtener: calidad educativa, niños de un parejo nivel social, exclusión de repitentes y de alumnos con problemas de conducta.

¿Es distinta la calidad educativa en unos y otros? No debería serlo, ya que los maestros y profesores, que muchas veces son los mismos en unos y otros establecimientos deben cumplir idéntico programa de contenidos, pero se ven obligados muchas veces en las escuelas públicas a “bajar” esos contenidos, para que puedan ser accesibles a la mayoría (niños sin ayuda extra escolar, con pocos contenidos previos, mal alimenados, que son obligados a trabajar, etcétera).

Por supuesto hay escuelas públicas de gran calidad. Por ejemplo, en la ciudad de La Plata, donde me desempeño como docente, son ejemplo de ello, las escuelas que dependen de la Universidad Nacional. Los niños ingresan por sorteo, y solo una pequeña parte de la numerosísima cantidad de aspirantes, logran hacerlo, y muy pocos continuar en ese sistema, de gran exigencia, que los prepara para el nivel universitario.

También hay escuelas privadas de muy baja calidad y problemas de conducta, adonde concurren alumnos excluidos de las escuelas privadas prestigiosas, por su bajo rendimiento o mala conducta; donde a cambio de una elevada cuota, y con mínimo esfuerzo, logran aprobar las asignaturas.

Ahí está la clave de la diferencia. Al ser inclusivas las escuelas públicas, sin un programa que nivele a los que están en situación de desfavorabilidad, y no poner límites a los problemas de conducta, las aulas se vuelven un caos donde es imposible enseñar. La inclusión que se ha logrado mediante la ayuda familiar (económica) que se brinda a condición de que los niños concurran a la escuela, debería hacerse bajo ciertas condiciones: exigir al menos compromiso de los padres con la institución escolar (por ejemplo que concurran ante situaciones problemáticas en que sus hijos estén involucrados, aceptar que concurran a algún sistema de tutorías, etcétera) de lo contrario solo se conseguirá que estén todos en la escuela, pero que nadie aprenda nada, ni siquiera a comportarse socialmente.

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