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El rol docente

Publicado por Hilda Fingermann

Al rol docente tradicional de transmisor de conocimientos, se le han agregado otras funciones muchos más importantes, como formador integral de la personalidad del educando.

El docente tradicional aplicaba formas correctivas con premios y castigos enrolado a una concepción conductista de la enseñanza. También se preveía una normativa casuística de todas las posibles transgresiones a las reglas escolares impuestas unilateralmente desde la dirección de la escuela o por el mismo maestro, con sanciones, donde se destacaban las temibles amonestaciones.

Actualmente aparece el docente no como quien tiene el conocimiento que el alumno debe recibir pasivamente, sino el que guiará al alumno a su propio aprendizaje, enseñándole a aprender a aprender, para transformar a ese niño en un estudiante autónomo que pueda valerse por sí mismo en estudios superiores o en una capacitación continua como la que se exige en el mundo actual.

No se tata de que no existan reglas o que no se las respete, sino de lograr una convivencia pacífica desde la aceptación de las normas como necesidad por propia voluntad y no por temor, pues deben ser establecidas por consenso, sintiéndose parte, pues el alumno mismo fue quien cedió parte de esas libertades en pos de una convivencia armónica. Se debe apostar al diálogo en la resolución de conflictos, aplicando sanciones cuando esta instancia esté probadamente agotada.

El rol de docente actual es el de educar, de formar no solo para el trabajo y para ulteriores estudios, sino fundamentalmente para la vida, para lograr ciudadanos respetuosos, solidarios, con espíritu crítico, pero que argumenten desde el diálogo y desde la comprensión de las ideas ajenas, para lo cual el maestro debe dar el ejemplo.

Se exige hoy al docente compromiso, con el conocimiento de cada alumno como ser individual, y del grupo en su conjunto. Debe indagar sobre sus intereses, para poder asumir una actitud motivadora y contenedora en esta ardua tarea de enseñar.

Los límites deben existir, pero si se desea llamar la atención o reprender a algún alumno por alguna falta grave, debe hablarse con él en privado.

En definitiva se debe educar como siempre desde el ejemplo. Un maestro que llega tarde a clase o que no devuelve las tareas a tiempo, no obtendrá de sus alumnos seguramente puntualidad; un maestro que no respeta no conseguirá respeto.

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