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El debate en el aula

Publicado por Hilda Fingermann

El debate áulico es una estrategia pedagógica de mucha utilidad, pues es altamente motivadora, crea conciencia de participación, responsabilidad, respeto por las ideas ajenas y por el turno de participación; genera sentido de identidad con algunas propuestas y de disenso con otras, ayuda a fortalecer los pensamientos propios y abrirlos a nuevas posibilidades; siempre y cuando se haga en un marco adecuado, y allí es donde el docente cobra un rol muy importante.

El debate en el aula

En materias de Ciencias Sociales el debate resulta generalmente rico, cuando el contenido y las formas son observados.

El debate puede ser generado por el docente, o surgir en forma espontánea, al plantearse algún tema que provoque posiciones encontradas. Cuando es programado, lógicamente puede estar más sistematizada la actividad, aunque el docente debe tener previsto la posibilidad de que el debate aflore en cualquier momento. Se debe establecer turnos para hablar, y tiempos para hacerlo, lo cual estará controlado por un moderador, que puede ser el propio docente en los primeros debates, y luego algún alumno, que debe mostrarse neutral.

No se trata de decir me gusta o no me gusta, adhiero o no, me opongo, etcétera sino que lo importante es el por qué afirmo o niego algo. Se debe enseñar que toda construcción social puede ser objeto de debate, y no crear contenidos dogmáticos: “es así, por que sí” es una afirmación inaceptable tanto dicha por los alumnos como por los maestros. Siempre hay una razón para todo, aunque a veces la ignoremos, y debamos buscarla. En estos casos, el debate puede suspenderse, buscar el material en el que cada uno apoyará sus ideas, y luego continuarlo, en la próxima clase.

Es importante que finalizado el debate se extraigan las conclusiones de modo general; aunque es aconsejable, que el docente haga escribir a cada alumno las suyas personales, pues puede suceder, que algunos, durante la discusión permanezcan ajenos a ella, ausentes mentalmente de la clase, como si estuvieran en “hora libre” por considerar que esa actividad no es evaluable. Otros por timidez, tal vez no se expresen oralmente frente al grupo, pero tengan mucho que decir, y por escrito les será más fácil, al menos al principio, hasta que se animen a hablar. Esta tarea es también importante en el rol docente: la de lograr que todos hablen, y no solamente los más intrépidos, lo que no necesariamente debe hacerse en el primer debate, pues algunos niños necesitan más tiempo para acostumbrarse a tomar participación activa en la clase.

Si el aula es poco numerosa puede hacerse el debate con todos los alumnos, de lo contario puede realizarse por grupos, y luego debatir intergrupalmente las conclusiones a las que se ha arribado.

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