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Los actos escolares

Publicado por Hilda Fingermann

La conmemoración de las Fiestas Patrias en los establecimientos escolares es un modo más de aprender la historia de la Nación en la que se vive y acrecentar el sentimiento patriótico. Tienen una profunda carga ideológica y fueron variando, conforme iban también modificándose las ideas y valoraciones con respecto a los diferentes acontecimientos históricos. Un caso paradigmático lo constituye el 12 de octubre conocido históricamente como el “Día de la Raza” en los países hispanoamericanos, donde se celebraba la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, trayendo la cultura europea; y hoy es recordado como “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” en Argentina, o “Día de la Descolonización” en Bolivia o “Día de las culturas” en Ecuador, al reconocerse que los pueblos originarios fueron sometidos por los conquistadores y perdieron sus posesiones y su identidad cultural.

En los colegios primarios aún se vivencian en la mayoría de los casos, con entusiasmo, y su preparación involucra a docentes y alumnos. Aún los vemos con sus atuendos típicos de acuerdo a la fecha a recordar y con deseos de participación. En los colegios secundarios no sucede lo mismo. Los adolescentes, seguramente por vergüenza se niegan a involucrarse, y es dificultoso hasta que lean un discurso. Esto hace que los actos esclares se vuelvan tediosos y generen apatía. Cada vez son más los jóvenes que no recuerdan qué se conmemora en las diferentes fechas patrias, tal vez porque los docentes también nos incomodamos, al tener que alterar el desarrollo del programa.

Sería importante dedicarle a la preparación del acto escolar el tiempo suficiente para que los alumnos pudieran intervenir en la selección de las actividades a realizar, y relacionarlo con otros contenidos dados en clase, para que no aparezca el hecho histórico que motiva el acto escolar como un suceso aislado, y desvinculado de la currícula. Es interesante humanizar a los próceres, lo que los acerca más a los jóvenes. Descubrirlos como protagonistas de acontecimientos triviales, incluso graciosos u ocurrentes, hacen que los actos pierdan solemnidad y se vuelvan más amenos sin desvirtuar su finalidad.