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Condorcet y la educación

Publicado por Hilda Fingermann

El Marqués de Condorcet, cuyo nombre completo era Marie-Jean-Antoine-Nicolas Caritat Condorcet, o simplemente conocido como Condorcet, vivió en la época convulsionada de la Revolución Francesa; y a pesar de pertenecer al estamento privilegiado de la nobleza, contribuyó, reconociendo la influencia de Rousseau en su pensamiento, a destacar el rol de la educación pública. Educado por los jesuitas, no prendió en él la fe religiosa, sino que por el contrario, fue combativo de cualquier religión.

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Condorcet se identificó con los ideales revolucionarios, aunque estaban en contra de sus propios privilegios, y concibió una escuela diferente, acorde a los nuevos tiempos, con visión humanista, que liberara a los oprimidos, relegando la noción de escolarización como había sido planteada hasta entonces (elitista, religiosa, dogmática) para sostener que era un derecho natural de toda la ciudadanía.

En esta nueva escuela planeada por Condorcet y cuya “Memoria” fue presentada al Comité de Instrucción Pública de la Asamblea, y aprobada por ella; se establecen cinco niveles de enseñanza pública (no se opone a que también existan establecimientos privados) universales, obligatorios, laicos y gratuitos, con libertad de cátedra, para lograr formar buenos ciudadanos republicanos, racionales y críticos, capaces de cumplir las leyes pero también de impulsar su reforma en casos necesarios o convenientes para el bien común, dejando de lado la ignorancia que los vuelve serviles, al adherir a pensamientos ajenos, de los que quieren dominarlos.

Planteó como dijimos la educación por niveles, básicamente constituidos por un primer paso de instrucción común y general, un secundario intermedio, un tercero para habilitar los estudios superiores, un cuarto con orientación profesional y docente; y por último el orientado hacia lo científico.

Condorcet no pudo escapar a las críticas de ese contexto histórico sangriento que no le perdonó sus raíces aristocráticas y sobre todo su afiliación en el sector moderado de la revolución, los girondinos. Fue condenado a la guillotina por los jacobinos, revolucionarios radicales, cuando éstos controlaron el gobierno a partir de 1793 y Condorcet se opuso a la nueva Constitución; pero no pudieron ejecutarlo: se lo halló muerto en su celda; la mayoría cree que se suicidó ingiriendo veneno.

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