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Educar para la libertad

Publicado por Hilda Fingermann

Para poder educar en el ejercicio de la libertad, debemos tener en claro el objetivo. Ser libre es poder desplegar todas las potencialidades de las que dispone un ser humano, y hacer uso de sus derechos, sin otros condicionamientos que el respeto a las normas éticas, sociales y jurídicas.

Saber qué es lo que se puede pero también lo que se debe hacer, y aceptar las restricciones con el convencimiento de que están impuestas para beneficio propio y de los otros, a los que debemos aprender a considerar en su dignidad humana; y también con respecto a la naturaleza, y los seres animados e inanimados que la integran como parte de nuestro hábitat, que es a la vez nuestro más grande y maravilloso hogar.

Educar para la libertad

Un ser humano libre debe poder expresarse en plenitud, haciéndose responsable de sus dichos y acciones; lograr concretar sus proyectos dejando que su voluntad oriente sus acciones hacia su perfeccionamiento individual y social. Por eso la voluntad debe educarse para querer “lo que se debe” como dijera el filósofo Immanuel Kant (1724-1804).

Para educar en la libertad no basta con declaraciones teóricas, sino que la práctica es fundamental. La escuela debe dejar expresarse a los alumnos, pero también imponerles límites, y que ellos sean respetados, pues los niños y adolescentes, constantemente ponen a prueba la vigencia de las normas, pues son transgresores por naturaleza.

Apostar al diálogo, a la explicación de los motivos de las restricciones, a la comprensión de los errores; pero cuando esto falla, los alumnos deben saber que toda sociedad civilizada impone sanciones cuando las normas no son acatadas por obra de la voluntad.

Vivimos una cultura escolar que le teme a la palabra sanción, y esto es porque tenemos la concepción de que vulneramos derechos cuando las aplicamos, y sin embargo, estamos custodiando los derechos de otros, que quedarían sin ellas desprotegidos. Si un niño que ofende a otro o a sus docentes, y se rehúsa a disculparse persistiendo en su actitud a pesar de haberle explicado su comportamiento inadecuado, observa “que no pasa nada”, es muy difícil que corrija su proceder, y estaremos formando una generación de inadaptados sociales.

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