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Escolarización tardía

Publicado por Hilda Fingermann

Por escolarización tardía pueden entenderse dos situaciones. La primera es aquella adoptada como política de Estado, que establece que el comienzo de la escolarización de todos los niños de un país, comience a una edad más avanzada que la que se exige en el resto del mundo. Un caso particular en este sentido, es el de Finlandia, que comienza su educación preescolar a los seis años y la educación básica a los siete años, considerándose que a esa edad el niño está más preparado para la adquisición de conocimientos fuera de su hogar. En Argentina, por ejemplo, las salas de cuatro y cinco años de la educación inicial resultan obligatorias, y la escolarización primaria se inicia a los seis años. La sociedad finlandesa y la presencia del Estado ayudando a las familias, les asegura el aprendizaje de valores y contenidos de información básica dentro del propio hogar antes de ingresar a la educación formal. En este caso, al ser el comienzo de la escolarización una decisión que no depende de cada familia, todos los niños ingresarán al momento que la política de educación pública así lo establezca sin que existan diferencias entre ellos en cuanto a su franja etaria, dentro de una misma comunidad educativa.

Otro caso que puede entenderse como educación tardía, y que crea desigualdad de oportunidades, es el caso de alumnos no escolarizados a tiempo, a pesar de ser obligatoria la educación preescolar y primaria (y en algunos países, como Argentina, la educación secundaria).

¿Por qué un alumno no ingresa al sistema educativo formal a pesar de tener la edad requerida? Las razones son varias y la mayoría está asociada a la pobreza, a la ignorancia, al trabajo infantil y a las migraciones. En este último caso, se suma a la problemática de nivelación de conocimientos con respecto a los niños de su misma edad, el aprendizaje del idioma, si el país al que se ha emigrado tiene una lengua diferente a la del país de origen del educando, y la adaptación a la nueva cultura.

Uno de cada once niños en el mundo no asiste a la educación primaria, lo que constituye un problema gravísimo, pero, si se logra que ingresen al sistema educativo, aunque sea más tarde, sería un gran logro, siempre y cuando el sistema esté preparado para que el alumno no se sienta discriminado a causa de su edad y falta de conocimientos previos, por lo que el Estado en estos casos, debería estar muy presente, aunque en los países de menores recursos económicos o donde no se privilegia la inversión en educación, esto no ocurre, y los alumnos a los que se logra incorporar al sistema tardíamente, suelen abandonarlo al poco tiempo.

Si el niño no ha realizado, en Argentina, la educación inicial obligatoria (salitas de 4 y 5 años) no se verá afectado para ingresar a la educación primaria, pero si se incorpora más tarde a la escolarización, tendrá un desfasaje en edad que podrá solucionarse, con algún programa de asistencia o tutorías, que no siempre están presentes, o no en la forma adecuada, lo que condiciona un bajo rendimiento, frustración y abandono.

En España, estos alumnos son evaluados por un tutor, y en caso de desfasajes importantes, por un Equipo Psicopedagógico o el Departamento de Orientación, y en caso de ser necesario se les brinda apoyo de idioma, teniendo también un sistema de aulas de acogida.