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Estudiar por mandato familiar

Publicado por Hilda Fingermann

Estudiar y capacitarse es absolutamente necesario. Se necesita incorporar conocimientos y habilidades para insertarse plenamente en la sociedad, por eso es muy importante que las familias transmitan el valor del estudio como algo digno y altamente positivo, estimulando el deseo de aprender y la curiosidad en el niño y el adolescente, sin descuidar tampoco, otros aspectos de su vida, como su salud psicofísica, y sus momentos de ocio; ya que, así como muchas familias no ponen interés en la formación intelectual de sus hijos; otras, los sobre exigen, lo que también es contraproducente.

Hasta aquí, lo que hemos dicho, es que, hasta terminar el nivel secundario, obligatorio en Argentina, estudiar no es solo un mandato familiar, sino social, ya que es un derecho, pero, además, un deber legal.

Terminada esta etapa de enseñanza obligatoria, se le abre, al adolescente, el difícil camino hacia la vida adulta, debiendo decidir, para algunos, muy tempranamente, a lo que se dedicarán en el futuro. La mayoría de los jóvenes, tiene muchas dudas al respecto, y es posible que consulte a sus padres, otros parientes, profesores, y otros conocidos; y hasta que recurra a un test vocacional. Todo esto es muy válido, siempre, que, en última instancia, la decisión quede a cargo del joven o la joven, que deben decidir sobre su propia vida, y, si se equivocan, el camino puede desandarse, y volver a empezar, ya que no es sano, continuar en una carrera terciaria o universitaria, simplemente, porque ya se la empezó y es más cómodo no cambiar, por no perder el año de estudio, por no reconocer el error, por no defraudar a los padres, etcétera.

Sin embargo, algunas personas, ya saben, desde que nacen, que serán médicos, contadores, abogados, docentes, odontólogos, etcétera, porque así lo fueron las generaciones de su familia que lo precedieron, y, explícita (“debes estudiar medicina” por ejemplo) o de modo indirecto (¿por qué no aprovechas que tu padre ya tiene un nombre en esta profesión y puedes continuar su legado, así todo te será más fácil?”) el niño y luego el joven, se ven presionados a continuar ese mandato familiar; que tal vez sea su verdadera vocación, y, en este caso, es muy satisfactorio, ya que puede aprovechar de la experiencia de sus ancestros y de sus logros, para continuar la misma senda; pero, si no se cuestiona esa elección, si se la elige solo por imposición, o por comodidad, o por no desafiar a sus padres, puede hacer del sujeto, alguien muy infeliz.

Otro caso en que se estudia por mandato familiar, es cuando los padres, insisten en que su hijo o hija, realice su propia vocación frustrada. Tal vez hayan querido ir a la universidad, y no han podido, o han debido abandonar sus estudios, y exigen que su hijo cumpla ese sueño, que no es el del hijo, sino el suyo, impidiéndole realizarse en la vida de un modo pleno.

También puede suceder que el adolescente elija trabajar y no estudiar, o hacer una carrera corta, y los padres se opongan. Esto tampoco es saludable, pues mientras su elección sea lícita, y lo haga feliz, los padres solo deberían sugerir, pero jamás imponer, ya que muchas personas, se realizan, plenamente, en un oficio o empleo, que pueden desempeñar con un título de nivel secundario, complementado, en lo posible, con cursos de capacitación en alguna rama del saber o aprendiendo en algún taller en el caso de un oficio.

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