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Nivel educativo de los padres y rendimiento escolar

Publicado por Hilda Fingermann

No es que solo el nivel educativo de los padres influya en el rendimiento escolar de un niño, ya que muchos otros factores pueden ser los determinantes: Problemas de salud del niño o sus familiares directos, malos tratos, desnutrición, indiferencia o violencia familiar, mudanzas, bullying, hacinamiento, trabajo infantil, etcétera, pero en esta ocasión nos referiremos a ese condicionante, que no es menor, ya que padres que son analfabetos o con escasa instrucción, no han podido estimular al niño cognitivamente, como otros padres con mayor instrucción. Como esto coincide en general con hogares de bajos recursos, forman la simbiosis perfecta para el fracaso escolar, ya que el niño no podrá estar a la altura de quienes nacieron en familias que les han aportado mayores herramientas.

Los padres con un bajo nivel educativo, que no han completado el nivel primario, en general, hablan de forma inapropiada, pronunciando mal las palabras, leen poco, y en general, deben pasar mucho tiempo fuera del hogar por razones de trabajo. También coincide muchas veces con familias numerosas, donde la planificación familiar es una asignatura pendiente, y por ello cada hijo, recibe poca atención personalizada, y hasta debe encargarse de sus hermanos menores.

La psicóloga Gladys Jadue, profesora titular de la Universidad Austral de Chile, en un estudio publicado en la revista Estudios Pedagógicos (Valdivia, 1997) se preguntó sobre los factores ambientales que influían en el rendimiento escolar de los niños, y uno de ellos fue el escaso nivel educativo de los padres, lo que asocia a niveles bajos de ingresos, o sea, con hogares pobres, donde las madres no se involucran en la educación de los hijos, asumiendo una actitud pasiva.

En Argentina, como resultado de la evaluación Aprender 2016, se llegó a la conclusión de que aquellos niños con padres que terminaron los estudios secundarios, tienen mejores rendimientos en asignaturas básicas, como Lengua y Matemática.

Niños acostumbrados a leer en el hogar, a realizar juegos didácticos, que practican la escritura antes de iniciar la escolarización, aventajarán sin lugar a dudas a niños que no han tenido estas oportunidades.

Nos preguntamos, sin embargo, por qué los padres no estimulan a sus hijos a leer y escribir por no haber completado su escolarización, si saben leer y escribir. Es muy básico lo que deberían enseñarles, pero, sin embrago, no lo hacen, tal vez porque no consideran a la formación escolar importante, como sí lo son, otras actividades que hacen a la dinámica familiar y a las necesidades colectivas. Es probable que estos niños sepan más que los de familias más instruidas, sobre trabajos manuales, crianza de niños, cocina y limpieza del hogar, en los que seguramente los han entrenado. Esto generará a futuro, una brecha, entre estos niños, y los de aquellas familias cuyos padres se han ocupado de su instrucción, lo que es tarea del Estado tratar de mitigar, con planes especiales de tutorías y clases extraescolares, y no bajando la calidad educativa de los establecimientos donde estos niños concurren. Esto último, solo hace que no puedan mejorar la heredada, impidiéndoles progresar, confirmándose la afirmación de Pierre Bourdieu de que la escuela reproduce y legitima las desigualdades sociales.

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