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Timidez y rendimiento escolar

Publicado por Hilda Fingermann

Entre las causas que obstaculizan el rendimiento escolar se encuentra la timidez. Muchos maestros, y con razón, hacen de la participación en clase, un instrumento de evaluación, y hay niños, que teniendo mucho para aportar, no lo hacen, simplemente por vergüenza, por ser introvertidos y tímidos.

La timidez es un rasgo de la personalidad que debe tratar de superarse, con paciencia y esfuerzo de parte del propio alumno, de su familia y de los docentes.

Timidez y rendimiento escolar

El origen de la timidez puede ser biológico, conformar el temperamento del educando; o haberse ido forjando ese carácter por influencia social; o más probablemente dependa de ambos factores a la vez.

Sin embargo, mucho puede hacerse para que ese alumno deje de sentir temor de brindar su aporte; especialmente reforzando su autoestima. Aún en el caso de que un niño diga algo inconsistente, incoherente o erróneo, jamás se lo debe ridiculizar, con expresiones tales como: “eso es un disparate”, “si no sabes, mejor no te expreses”, pues eso fomenta la timidez, y ya no se arriesgará a dar una respuesta para no ser el hazmerreír de la clase. Otras veces se abstienen de participar para que sus compañeros no los etiqueten como “tragas”. En este caso, se debe llamar a la reflexión de todos los alumnos, para que entiendan que justamente la función de la escuela es que aprendan, y que el alumno estudioso es el que cumple con las expectativas de padres y docentes; y será el mejor preparado para su futuro escolar y extra escolar.

Los alumnos tímidos son en general mucho más aplicados que los extrovertidos, se destacan en sus producciones escritas, ejercen con mayor facilidad la escucha activa, y se distraen menos, pero al pasar desapercibidos, no logran hacerse notar en la interacción áulica. Además, cambiar esa actitud le beneficiará en sus relaciones sociales en general, presentes y futuras.

No se debe pretender que de un día para otro, el alumno se suelte de sus ataduras y comience a hablar con libertad, es un proceso lento y gradual, donde deben trabajar conjuntamente escuela y familia, incentivando a que diga cada día un poco más y comprenda su valía e importancia social.

En casos graves se debe hacer conocer la inquietud a la familia, para que tome intervención un especialista.

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