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Fobia escolar

Publicado por Hilda Fingermann

Los primeros días de la escolarización importan para el niño un gran desprendimiento de su ambiente familiar, y el comienzo de su socialización suele engendrar nerviosismo y temores lógicos. Esto es absolutamente normal e irá desapareciendo paulatinamente. Es por ello que los primeros días del jardín de infantes suelen hacerse jornadas cortas de adaptación, para que se vaya acostumbrando.

La fobia aparece cuando los temores persisten con el tiempo, y son exagerados con respecto al estímulo que los origina, aunque el niño no comprenda lo irracional de su actitud. El alumno siente rechazo hacia la institución escolar que lo separa de sus padres, de su cómodo mundo de protección, donde comparte sus pertenencias, en algunos casos solamente con sus seres allegados y familiares, como hermanos o primos, para pasar a convivir varias horas lejos de su hogar con un adulto que apenas conoce, la maestra o maestro, y muchos compañeros a los que ve como una amenaza a su integridad física, a sus objetos personales, a sus emociones.

Para resguardarse de esa situación que considera peligrosa, inconcientemente elabora mecanismos de defensa, como sentirse descompuesto antes de ir al colegio, llorar, gritar, patalear; o si lo han obligado a ir, hacer que la maestra llame a los padres para que lo retiren alegando alguna dolencia, en general dolores de estómago, de cabeza o vómitos; llora, se deprime, se aísla, y en otros casos, reacciona con violencia.

Por supuesto la fobia escolar no es tal, si el niño sufre en el colegio una agresión real, física o discriminatoria, pues eliminado el motivo, el temor desaparecerá. En estos casos es recomendable el cambio de curso o de colegio. La fobia es no justificada, y en general, analizando al niño se comprobará que hay otras situaciones en donde se presentan estas conductas exageradas de miedo, como por ejemplo, quedarse a dormir en casa de un amigo.

La fobia escolar puede presentarse luego de varios años sin haber tenido problemas, como consecuencia de acontecimientos negativos (alguna respuesta hiriente, malas calificaciones, baja autoestima, etcétera).

Si bien no debe dejarse que el niño se quede en casa por ese motivo, pues al conseguir lo que quería reforzará sus conductas de rechazo; tampoco hay que minimizar esta situación, pues el niño sufre realmente: se debe hablar con los maestros, directivos, con el gabinete escolar, con el niño, pedir orientación al pediatra; y si éste lo considera necesario, pues en algunos casos la fobia desaparece cuando el niño alcanza la maduración suficiente; iniciar un tratamiento psicológico.

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