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Sobrevivir al sistema escolar

Publicado por Hilda Fingermann

Las funciones de la escuela son muchas y la mayoría positivas, entre las cuales podemos citar la transmisión del legado cultural, de contenidos y valores, y la socialización de los niños y adolescentes, que comparten un ámbito formal donde aprenden a respetar reglas y jerarquías.

Sin embargo, la escuela expone a los niños a muchas frustraciones y experiencias negativas que pueden dejar una huella en ellos, para toda la vida. Una de ellas es el bullying, que si no es detectado a tiempo y tratado con efectividad, puede resultar en el forjamiento de personalidades débiles, rencorosas e inseguras en la víctima; y autoritarias y faltas de empatía en el agresor.

Otro grave problema que plantea la convivencia escolar, es la de la competencia, que si bien puede ser sana y estimular a los que aprender más lentamente a avanzar, también puede generarles frustración, si el docente no se encarga de valorar adecuadamente los avances, y solo apunta a sus falencias, que tal vez las tenga con respecto a ese conocimiento específico, ya sea que se trate de matemáticas, lengua, ciencias, deportes o arte; pero, que, seguro, se destaca en otros. En estos casos, es sumamente importante, que el docente estimule a cada niño a conocerse, a descubrir sus aptitudes, que se convertirán en sus mejores armas para su progreso, y seguramente para desempeñar su profesión futura; y a mejorar lo más posible en los aspectos donde se noten mayores dificultades, transmitiendo la idea de que la sociedad necesita diversidad; y que por suerte, no todos tenemos las mismas potencialidades, lo que resulta, satisfactoriamente, complementario, y ningún tipo de inteligencia es superior a otra, sino que son sencillamente, distintas.

No queremos dejar de soslayar el otro tema que se advierte en la escuela que es el de homogeneizar, queriendo que todos aprendan al mismo tiempo, y tratar a niños pequeños como adultos. Cada niño tiene su propia estructura mental y de personalidad, y a algunos, muy inquietos (lo que es normal en los cachorros de cualquier especie) les cuesta mantenerse sentados, callados y atentos; lo que es duramente reprimido, por razones de necesidad, ya que es preciso reconocer, que si hay desorden no es posible enseñar, al menos, del modo tradicional. Hacer las clases más animadas y dinámicas en el nivel primario, especialmente, sería de gran ayuda, para que los niños se sintieran más libres y disfrutaran más de su condición de tales, con menos obligaciones, las que debieran ir adoptándose, de modo paulatino, y conforme a su madurez.