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No sé qué estudiar

Publicado por Hilda Fingermann

Esta afirmación es frecuente escucharla entre los jóvenes, cuando prontos a terminar sus estudios secundarios, se sienten comprometidos a elegir una profesión que desarrollarán toda la vida, que los identificará socialmente, que los marcará íntimamente, que modelará su personalidad, pero que sin embargo, muchas veces está lejos de ser elegida con seguridad.

Se escoge por prestigio social, por seguridad económica, por el agrado de las materias que contiene el currículum, porque alguno de los padres, parientes o conocidos la ejercen, pero pocas veces puede explicarse realmente lo que es la vocación.

Es que es sumamente difícil a la edad de alrededor de los 18 años, saber lo queremos ser para toda la vida, y por eso son frecuentes las equivocaciones, y a pesar de que se informen, se realicen test vocacionales, se consulte, las equivocaciones existen, y es cuando ya se está estudiando, o aún luego de recibir el ansiado diploma y estar desempeñándose en la profesión que supuestamente sería la que colmaría las expectativas, cuando se ve que esto no sucede. Que nos guste lo que hacemos hace que cada día queramos mejorar, aprender más, levantarnos con una sonrisa, aceptar los problemas como desafíos, perfeccionarnos, investigar por deseo personal, etcétera.

No hay fórmulas mágicas para saber qué estudiar, pero debemos primero conocer nuestra forma de inteligencia, nuestros gustos, intentar leer libros sobre el tema para ver si nos motivan a seguir indagando o nos aburren, visitar a profesionales para observar la profesión en la práctica, que generalmente dista mucho de la teoría, tratar de situarnos en el lugar del profesional y observar como nos sentimos, pensando que todos los futuros días de nuestra existencia lo dedicaremos a esa actividad, lo que debe resultarnos placentero, y no una condena.

Encontrar la vocación es difícil, requiere tiempo y madurez para conocer el objeto de nuestra elección, pero sobre todo a nosotros mismos, con nuestras fortalezas y con nuestros puntos débiles; pues lo que nos resulta más fácil de realizar seguramente es porque nos agrada, y le dedicamos mayor atención. Sin embargo, es bueno investigar nuestros gustos por cuenta propia, pues puede suceder que odiemos ciertas materias, porque nos las hayan enseñado mal, o que tengamos preconceptos sobre ciertas profesiones por dichos infundados. Lo mejor para elegir con más seguridad es saber lo máximo posible de nosotros y de las múltiples alternativas posibles. No se debe quedar con las carreras tradicionales, las ofertas son múltiples, y cada una, representa una oportunidad de ser felices o desdichados. A pensarlo bien, y si nos equivocamos a pesar de todo, siempre existe la posibilidad de reencontrarse con la verdadera vocación.

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