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Alumno activo

Publicado por Hilda Fingermann

Un alumno es considerado activo cuando se involucra en su proceso de aprendizaje. Presta atención a las explicaciones, realiza las investigaciones, pero a su vez problematiza, cuestiona, reflexiona y sólo incorpora el contenido cuando comprende su relevancia y su relación con lo que ya conoce. Le preocupa su vida y su entorno, el pasado, el presente y el futuro. Cuando duda, sigue indagando, se plantea desafíos, interactúa con el docente y con sus compañeros.

Se muestra interesado en la mayoría de los temas que se le proponen, siempre que no sean actividades no participativas: les desagradan las explicaciones extensas, los dictados o estudiar de memoria.

Si las tareas demandan mucho tiempo, se aburre, salvo que las nuevas etapas de la investigación despierten su curiosidad. Le gusta asumir el papel de líder, colaborar con sus compañeros y manifestar sus opiniones. Su autoestima es alta. No teme equivocarse; prefiere responder las preguntas, pues tiene confianza en sí mismo, y si cae en error, trata de entender los motivos, para aprender.

Las modernas concepciones del aprendizaje tratan de lograr estudiantes activos, con alta motivación intrínseca, pues son ellos los principales protagonistas del proceso, y sus absolutos destinatarios.

El exceso de actividad (la hiperactividad) no es provechosa, como todo extremo. Es muy saludable un alumno activo, pero cuando se sobrepasan ciertos límites, nos encontramos con niños que no pueden quedarse quietos, que no logran motivarse pues no pueden tomarse el tiempo necesario para escuchar la propuesta del docente y por lo tanto, como son muy inquietos, recurren a molestar, a pasearse por el aula, a tirar papeles o tizas, etcétera.

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