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¿Qué piensan los chicos de la escuela?

Publicado por Hilda Fingermann

Los alumnos pasan muchas horas de sus vidas en la escuela, y no todos tienen la misma mirada sobre ella. Para algunos es un lugar de refugio y contención, pues en sus hogares sufren carencias materiales y/o afectivas, y en la escuela está el cariñoso maestro/a o profesor/a y, muchas veces, es el único lugar donde pueden recibir un plato de comida, si la institución cuenta con comedor; para otros, es el sitio donde están sus queridos compañeros; mientras que los hay, que desearían no tener que asistir a clases, pues se aburren, sufren bullying, les cuesta prestar atención o quedarse quietos y callados, o les resulta muy cansadora la jornada escolar o madrugar.

Cuando se les pregunta si preferirían no asistir a clases, la mayoría responde que no; que la escuela es necesaria para capacitarse, para poder encontrar luego un mejor trabajo o para continuar estudios superiores, olvidando muchas veces, mencionar, la formación integral en ese espacio, que se adquiere en la niñez y la adolescencia, y ese vínculo tan importante que se forja en la escuela, que no es intelectual, sino afectivo, con los compañeros y docentes.

La mayoría (salvo los que tienen problemas de violencia u otros abusos en el hogar) se aburre en la escuela, se siente prisionero, y le cuesta abandonar por un rato, el uso de su celular y otros recursos tecnológicos, que solo se emplean en el aula con fines didácticos. La mayoría de los estudiantes, reclama más el aumento de recursos tecnológicos, o de buffet o de infraestructura (baños acondicionados y limpios, paredes pintadas, etcétera) que, por la calidad y pertinencia de los aprendizajes, lo que les cuesta valorar con espíritu crítico, especialmente, si no son sus padres los que los acompañan en el proceso de adquisición de conocimientos. Valoran más aprobar y obtener buenas calificaciones, que aprender, aunque sí se disgustan con docentes que no les prestan atención, no los escuchan, les levantan el tono de voz, o no les explican, o les dan demasiadas tareas. Se sienten más cómodos en aulas descontracturadas, sentados en círculo y trabajando en equipo.

Tampoco todo “es color de rosa” en cuanto a las relaciones interpersonales, que no son siempre cooperativas, empáticas y solidarias. Como en toda comunidad, en la educativa, se generan discusiones o actos de discriminación, y sentimientos de ira, celos o angustia, tal vez por un compañero que no prestó la tarea, por haber sacado una calificación baja, por ser reprendido, porque el niño sintió que otro alumno lo molestaba, etcétera. Es que, la escuela, en definitiva, está integrada por personas, con todas sus virtudes y sus defectos; y es un pequeño retazo del mundo social en el que estamos inmersos, y tenemos que aprender a disfrutar, entender, tolerar y luchar porque se nos respete.