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Educación en Derechos Humanos

Publicado por Hilda Fingermann

Educar en derechos humanos es una tarea prioritaria de la escuela, y siempre estuvo presente esta materia en las escuelas argentinas aunque contara con distintos nombres: Instrucción Cívica, Educación Cívica, ERSA, Filosofía y Formación Ética y Ciudadana. Esta última asignatura había sido reemplazada al menos en la Provincia de Buenos Aires en el Primer año del Polimodal por una materia realmente interesante, cuyo nombre era justamente Derechos Humanos, donde se trataba de que los adolescentes tuvieran conocimientos de sus derechos desde los Tratados Internacionales, la Constitución nacional y provincial, y leyes reglamentarias. También se incluía el modo de hacerlos efectivos enseñándoles los recursos con los que contaban para ello.

Era una materia a mi juicio esencial para la formación de los jóvenes en la cultura democrática. Actualmente ha desaparecido de la currícula, y será reemplazada en el nuevo secundario, el próximo año, por otra asignatura cuyo nombre será “Política y Ciudadanía” tal vez con el propósito de que los jóvenes se involucren en la actividad política, hoy tan cuestionada, no por sus fines, que evidentemente tienen la nobleza de ser los del bien común, sino por los políticos que ejercen esta función cuya ética es, cuanto menos, reprochable.

De todos modos, en la materia “Derechos Humanos y Ciudadanía” también se estimulaba la participación de los jóvenes en la vida política, como modo de participación activa, y medio para incorporar nuevas voces, tal vez mejor preparadas, sobre todo en sentido moral. La razón del cambio no la veo tan clara, aunque falta ver el nuevo programa, que aún no se conoce.

Los derechos humanos deben ser enseñados desde los primeros grados, a través de ejemplos concretos, como cuando un niño golpea a otro, o le saca alguna pertenencia o se burla de otra persona. Esas son oportunidades, más que para reprenderlos para reflexionar todos juntos, sobre la importancia del respeto del otro y del reconocimiento de su dignidad humana, pues el respeto a los derechos humanos no se aprende en los libros sino que se vivencia día tras día. Un poco más adelante, la lectura de los periódicos es una fuente inagotable de estudio de casos sobre el tema.

El maestro o profesor debe con su ejemplo reconocer los derechos de los niños, escucharlos, establecer límites desde su autoridad, pero sin gritos, aún imponiendo sanciones, aunque resignando todo tipo de comentario degradante, cruel o sarcástico.

El aprendizaje de los derechos debe ir de la mano del de las obligaciones, su correlato imprescindible, y debe ser el adulto el primero que con su ejemplo muestre a los niños en qué consiste el cumplimiento del deber. ¿Podemos exigir que lleguen a horario si nosotros no lo hacemos? ¿Que cumplan sus tareas, si luego olvidamos pedirlas, o que las hagan en tiempo y forma si nosotros no las corregimos en un plazo razonable? Los niños y adolescentes están ahí, nos están observando, seamos un espejo digno para que ellos se reflejen.

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