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Los límites de la escuela

Publicado por Hilda Fingermann

La escuela es un gran instrumento de progreso y de logro de justicia social, pero no puede hacer milagros. Hay problemas subyacentes, sobre todo familiares y económicos que no puede resolver, a pesar de todos los esfuerzos. Una escuela por más inclusiva que sea, no puede evitar que los niños en sus casas sufran hambre o maltrato, y esas situaciones inciden enormemente en la motivación, la atención y por ende en el rendimiento escolar. Las condiciones coyunturales adversas como las crisis morales y económicas dañan también mucho las posibilidades de la escuela de revertir situaciones de inequidad y brindar a todos igualdad de oportunidades.

Los límites de la escuela

La escuela fue tradicionalmente concebida como el medio de cambiar la moralidad, los hábitos y la capacidad industrial de una sociedad. Por ejemplo el educador argentino, Domingo Faustino Sarmiento sostuvo que la educación permitiría la adaptación de los niños y docilizarlos, y aunque aprendieran poco, no serían seres dañinos, ayudando la escuela a controlar sus instintos. Pero el mismo Sarmiento reconocía que la influencia de la escuela sería parcial frente a ciertas realidades sociales marginales, con niños abandonados o hambrientos, a los que no llegaría la influencia cultural a través de la escolarización. Para Sarmiento esos niños no aceptarían la autoridad de un maestro, ya que habían crecido demasiado rápido. Para ellos, él destinaba las escuelas de oficios o los reformatorios.

Lejos de estas obsoletas ideas sarmientinas, hoy se avanza por suerte en la inclusión escolar, tratando de no discriminar entre los niños y reconociendo que todos ellos tienen la aptitud y el derecho de educarse, y que el Estado debe contribuir a brindarles escuelas de calidad y el apoyo suficiente a través de becas y comedores escolares, para que puedan desarrollarse en plenitud. Sin embargo sabemos que muchas veces y a pesar de que el trabajo infantil está prohibido y la escolarización es obligatoria, esto no se cumple en la práctica, y muchos niños deben trabajar desde edades tempranas y ayudar en la economía familiar. Muchos otros, asisten a la escuela, pero no tienen tiempo en sus casas de hacer las tareas, pues deben colaborar cuidando hermanitos o en los quehaceres. No tienen tampoco acompañamiento familiar, por lo cual no pueden estar a la altura de otros niños que reciben la atención necesaria.

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