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Educación y resiliencia

Publicado por Hilda Fingermann

Todos sabemos que la educación es el modo más seguro de escalar las posiciones sociales. Cuando alguien ha nacido en un hogar humilde, acreditar conocimientos permite acceder en el futuro a empleos mejor remunerados y socialmente valorados, pudiendo mejorar la posición social que le ha tocado en su familia de origen. Cuando ésta está bien constituida, y los niños, aún con restricciones en gustos y placeres, tienen las necesidades básicas cubiertas y padres contenedores es muy posible que esta posibilidad se concrete, y los hijos superen a sus padres en los logros académicos y por ende en los trabajos que realizarán.

Educación y resiliencia

El problema está en aquellos hogares donde los niños sufren hambre, frío, y por si fuera poco, a estas carencias materiales se les suman las emocionales, ya que sus padres no los motivan para estudiar y/o les exigen que colaboren trabajando con los gastos del hogar, o cuidando a sus hermanos, aún siendo pequeños, e incluso en algunos casos, deben soportar distintas formas de violencia física o psicológica. Tal vez estas adversidades no se den todas juntas, ya que de ocurrir la sumatoria de ellas, sería realmente terrible, pero con solo alguna, basta para que un niño vea obstaculizado su éxito escolar.

A pesar de ello, muchos niños salen adelante y logran avanzar y mejorar sus vidas, porque son resilientes naturales; a otros les cuesta más, y a ellos debemos como docentes, ayudarlos a aprender a ser resilientes, a no dejarse vencer, a sobreponerse a las adversidades.

El rol docente es clave para detectar el problema y guiar al alumno hacia las posibles soluciones. El diálogo, el compromiso, el respeto, pueden ayudar a un alumno a encontrar en la escuela el soporte que necesita para ir creciendo en conocimientos y como persona integral. Hallar a alguien que lo escuche, que no lo juzgue sino que lo aconseje y comprenda, que lo ayude a confiar en sí mismo y sus posibilidades, puede ser el modo de construir un ser humano resiliente. Si por el contrario lo reprendemos porque aún no pudo aprender, porque no trajo las tareas a tiempo, porque le es difícil concentrarse, y no indagamos qué está pasando en su interior y en su ámbito familiar y social, lo estaremos condenando, si no posee una resiliencia innata, a repetir la historia que le tocó vivir cuando él forme su propia familia, y no pueda superarse.

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